La Cofradía de la Vera Cruz

La Pasión de antaño

“COFRADYA DE LA BERACRUZ”

En Octubre de 2.008 el Museo Etnográfico de Castilla y León programó una exposición sobre las cofradías de la Vera Cruz en la provincia de Zamora. Entre las distintas obras expuestas se encontraba una pieza con la siguiente leyenda: “CÁLIZ DE LA COFRADÍA DE LA VERA CRUZ DE FUENTESAÚCO. Anónimo. 1563. Salamanca. Plata en su color. Inscripción: “ESTE CALYZ ES DE LA COFRADYA DE LA BERACRVZ. HYZOSE SYENDO MAYOR-DOMO MARCOS SANCHEZ AÑO DE 1.5.6.5.” Iglesia Parroquial de Santa María del Castillo. Fuentesaúco Zamora.” Más allá del valor material y artístico de la pieza, este cáliz permite situar ya en el siglo XVI la existencia de cofradías en torno a la Pasión de Cristo en Fuentesaúco.

La imagen de la Semana Santa saucana más tradicional, suele ser siempre la Hermandad de Jesús Nazareno. Garantes de las grandes tradiciones, los nazarenos son sin duda un pilar fundamental en la Semana Santa de Fuentesaúco, sin embargo en siglos pasados, era la Cofradía de la Vera Cruz, también conocida como de la Santa Cruz o simplemente de La Cruz, la responsable de las principales celebraciones de la Semana Santa.

Este artículo pretende recordar cómo fue la vida de esta cofradía durante la época final del siglo XIX y hasta principios del siglo XX, según se relata en el Libro de Cuentas de la Cofradía de la Santa Cruz del año 1861, custodiado en la actualidad en el Archivo Diocesano de la Catedral de Zamora.

Los Pasos

A día de hoy la heredera de la Cofradía de la Cruz es la Cofradía del Santo Entierro, sin embargo no puede identificarse el patrimonio del Santo Entierro con el que poseía su predecesora. Los pasos que poseía la cofradía eran: La Oración en el Huerto, Jesús atado a la columna, Jesús Nazareno, el Cristo de la Zarza (Crucificado pequeño), el Santo Sepulcro y la Virgen de la Soledad.

Las imágenes titulares de la cofradía eran el Santo Sepulcro y la Virgen de la Soledad siendo el derecho a cargar ambos pasos, un privilegio exclusivo de los cofrades de la  Santa Vera Cruz.  Ambos pasos eran portados a hombros, hasta que en el año 1912 se decide  encargar para el Santo Sepulcro un mecanismo de tres ruedas destinado a sustituir la carga tradicional. El motivo de este cambio, se encuentra según señala el acta de 1912 en la algarabía formada el año anterior bajo el paso, y que acarreó para la cofradía una sanción por parte del Ayuntamiento. La implantación de las ruedas suponía además la posibilidad de que los hermanos más mayores pudiesen desfilar bajo el Santo Sepulcro.

La cofradía de la Santa Cruz subastaba las andas de las demás imágenes. La titularidad de cada uno de los brazos se adquiría en subasta pública y de forma vitalicia, anotándose los nombres de quienes debían portar las imágenes en el libro de cuentas, así como los desembolsos que se realizaban para adquirir el puesto. Por ejemplo en el año 1861, portaban las andas de Jesús atado a la columna los siguientes saucanos: Miguel Pérez Becerra, Vicente Perlines Bellaz, Juan Casas y Vicente Fernández Marín.

Puede decirse que históricamente siempre ha existido una gran vinculación entre la Hermandad de Jesús Nazareno, referidos siempre en el libro de actas como los penitentes, y la Cofradía de la Vera Cruz. Encontramos entre el inventario de pasos de la Vera Cruz una coincidencia llamativa, se enumera entre las imágenes una talla de Jesús Nazareno que la cofradía custodia y de cuya salida se encarga mediante la subasta de sus andas. Sin embargo esa imagen fue también hasta su sustitución en el año 1957 el paso titular de los Nazarenos.

A falta de más documentación sobre la relación entre ambas cofradías en torno a esta imagen, cabe suponer que originariamente fue propiedad de la Cofradía de la Cruz, y que los Nazarenos solicitaron desfilar con él ante el deseo de acompañar su propio paso, pues a principios del siglo XX se les menciona como Penitentes, con organización propia y gozando de alta estima dentro del pueblo, pero no propiamente como cofradía. Este nazareno se encuentra en la actualidad en un pésimo estado de conservación, habiendo perdido las manos, siendo una imagen notable y de gran similitud con la Oración en el huerto y Jesús atado a la columna.

Las Cruces

Las cruces de penitencia que portan los nazarenos también suponen un elemento de conexión entre las cofradías de Jesús Nazareno y la Vera Cruz. La titularidad material de las piezas no correspondía a los penitentes sino a la Cofradía de la Vera Cruz. En el año 1.909 según se recoge en el libro de cuentas se acordó el reparo de las cruces y reposición de una de ellas, debiendo encargarse la Cofradía de la Vera Cruz de recogerlas y colocarlas en orden en el local dispuesto para ello, y distribuirlas a los penitentes que las solicitasen. Además en el año 1941 en la partida de gastos se encuentra el desembolso realizado para la adquisición de pintura para las cruces. Es por tanto notable la relación existente entre ambas cofradías a lo largo del tiempo.

Un amplio patrimonio

Si en el año 1563 la cofradía encargó el cáliz de plata mencionado al comienzo del artículo, es de suponer que entre los XVI y XVIII la cofradía debió gozar de una gran importancia, pues es durante esta época cuando se encargaría la talla de los seis pasos de su propiedad.  Durante el siglo XIX y la primera parte del siglo XX la actuación sobre el patrimonio se centra en la conservación y renovación del mismo, como ocurría con las cruces de penitencia. El 4 de Mayo de 1866 el Libro de Actas recoge el siguiente acuerdo: “En estando el manto de Nuestra Señora de la Soledad bastante deteriorado, se compre uno nuevo con las escriturizaciones y si algo faltará se ponga por los cofrades”. Casi treinta años después en 1890, la cofradía decide renovar el paso de la Virgen de la Soledad, vendiéndose las andas anteriores al Ayuntamiento por un valor de 160 pesetas, y adquiriendo un nuevo paso por 174 pesetas. Respecto al paso del Santo Sepulcro a lo largo de los distintos años es común la reparación de los cristales. En el año 1898 se acometen varias actuaciones en La Urna, en primer lugar Don Esteban Martín y Don Vidal Rodríguez llevan a cabo la restauración del Santo Sepulcro, según se recoge en el acuerdo sin interés ninguno. El 18 de marzo de ese mismo año se acuerda la compra de nuevas colgaduras, que se sufragan mediante una colecta realizada por los cofrades, la compra del material  se realiza a Don Francisco Ordoñez.

El cuidado y atención del Santo Sepulcro y la Virgen de la Soledad eran asignados a una camarera que se encargaba del estado de las imágenes a lo largo del año así como de prepararlas para la procesión. El nombramiento de camarera era solemne y exigía la elaboración por parte de la camarera de un inventario de las piezas que le eran entregadas en custodia con la finalidad de evitar conflictos posteriores. El encabezamiento del inventario recogido el  30 de Mayo de 1914 reza de la siguiente forma: “Relación de las ropas y efectos pertenecientes al Santo Sepulcro y la Soledad que existen en mí poder en la actualidad; cuyas ropas y efectos hago constar bajo el inventario siguiente y es como sigue:” enumerándose a continuación las ropas y ornamentos conservados respecto de ambas imágenes.

Las celebraciones litúrgicas

Más allá de la participación de la cofradía en la Semana Santa, la cofradía celebraba distintas funciones religiosas a lo largo del año. Todavía hay quien recuerda la celebración cada 3 de Mayo de la Invención de la Cruz, con toda solemnidad (acta de nombramiento de mayordomo del año 1861), pues se mantuvo esta celebración más allá de la mitad del siglo XX. Junto con la celebración de la Santa Cruz, la otra gran festividad de la cofradía era la Función de los Santos Reyes, es decir, la celebración de la Epifanía.

La solemnidad de las celebraciones, que tenían lugar en la Iglesia de Santa María del Castillo, se medía en el número de cirios que iluminaban el Altar Mayor. En acuerdo de 1 de Enero de 1870 se exige que la dotación de cera para la Función de Reyes y la Fiesta de la Cruz ascienda a 30 o 40 cirios. Tal era la importancia de la Función de Reyes que el 21 de diciembre del año 1902 se acuerda celebrar la Misa de Reyes en San Juan Bautista, por estar Santa María en ruina, y ser la Ermita de Nuestra Señora de las Angustias muy reducida, que es donde se encuentran todos los pasos de la cofradía. Durante el resto del año conforme al acuerdo de 1 de Enero de 1870 debía celebrarse Misa los primeros domingos de mes en seis hachas o cirios, debiendo llevar el mayordomo la insignia.

Además de las celebraciones antes mencionadas la cofradía velaba por el descanso eterno de los cofrades fallecidos, así era obligatorio asistir  a las misas por los cofrades y cofradas fallecidos, (nótese que las listas de cofrades eran mixtas, recibiendo el apelativo de cofradas las féminas de la cofradía). Ante el fallecimiento de un cofrade debían los familiares avisar al mayordomo de la cofradía, quién debía convocar a los cofrades que tenían la obligación

La organización interna

La organización interna se regía por las ordenanzas que guiaban el comportamiento de los cofrades, el acto principal de la cofradía era el nombramiento de Mayordomo, que solía celebrarse el mismo día de  la Fiesta de la Cruz en ocasiones a la salida de Santa María, otras veces en la Sacristía de la Ermita. En el año 1907 la cofradía afronta una crisis en número de hermanos, la falta de nuevas altas dificulta el pago de la cera y de las funciones, por ello se decide instituir una nueva figura; los cofrades de número. Los nuevos cofrades irán adquiriendo un número en la lista para acceder al puesto de Mayordomo. La mayordomía deja de ser electiva pasando a ser un trámite previo a pertenecer al grupo de cofrades propietarios, aquellos que ya han sido mayordomos. El mayordomo debía encargarse del pago de la cera para los actos religiosos, las luces de los pasos, los monaguillos y el muñidor.

Pese al valor cultural de esta institución la historia de la Cofradía finaliza en el año 1972, cuando los siete cofrades que se mantenían en la Vera Cruz causan baja de la misma. La cofradía de la Vera Cruz ha desaparecido como tal de la Semana Santa de Fuentesaúco, sin embargo su testigo descansa en la Cofradía del Santo Entierro y en la Cofradía de la Soledad que se encargan de las que fueron  imágenes titulares de la Cofradía de la Cruz.

La Semana Santa de Fuentesaúco, atesora historia y tradición. Costumbres, algunas de ellas perdidas, otras en riesgo de perderse, que quizás sea ahora, que tantos medios de información e investigación tenemos a nuestro alcance, el momento de recuperar.

Javier Prieto Prieto

Cofrade del Santo Entierro

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